HERZOG

Por Christian Kupchik

Walter quería volar. No porque su vida terrenal le ofreciera contratiempos, por el contrario. Pero Walter quería volar. Lo energizaba deslizarse por la rampa, saltar a una altura inverosímil con el cuerpo en horizontal, casi pegado a los esquíes; sentir la presencia del viento sosteniéndolo, con la mirada por encima de los árboles, perdida entre las nubes. Hasta que durante un entrenamiento en Planica, llegó a los 170 metros y dudó: Walter no quería volar más. A todo el mundo le pareció una locura. A todo el mundo menos a Werner Herzog, quien en 1974 llegó allí para filmar esa duda. El resultado fue “El éxtasis del escultor de madera Steiner”. Era el retrato de un ángel caído. En el límite entre el cielo y el fracaso, entre el miedo y la gloria, Herzog retrata figuras frágiles que son capaces, sin embargo, de planear y encontrar el éxtasis, hasta el momento en que caen. Porque todos caemos y no siempre en la nieve, caemos como muñecos de trapo y aparatosamente, en busca de reencontrar algún tipo de equilibrio. Y aún en esa caída hay belleza, nos señala Herzog. Hay una poética del fracaso que nos hace más humanos.

Sigue leyendo “HERZOG”

De seis a diez de la mañana

Por Marmat

 

Por el Canal Huarpe pasan cadáveres
No habrá Cristiana Sepultura
cadáveres teorías, pensamientos cadáveres, palabras cadáveres.

 

Cadáveres encuentra Néstor Perlongher mientras escribe,
-de San Pablo a Buenos Aires-
“su poema” cadáveres,
en los incendios y en los encierros,
curvas de aplanamiento de cadáveres,
-la calle es un plano abierto que incorpora a los nuevos excluyentes-

Un zoom del reverberar, plantas y bichos escondidos mientras estábamos
entretenidos en no sé cuál de los paraísos
de aquí para allá lamiendo
el hollín de tullerías,
y, del vicio de fisgones
pasábamos a otro tema.

 

Tenemos un plan, dos, tres, miles de planes de aventuras imaginarias,
que cobran vida solo en los recovecos de las funerales casas.

 

Sentenciado el deseo
La cruzada triunfa en su profilaxis
¿Serán las nuevas vestimentas de nylon cuando de esta suspensión salgamos, las que nos definan?

(Mongoles sin nación)

 

Sometida la identidad del enmascarado, y el pico que aleja más,
para engullir lo apto y permitido
(certificado)
por escribanos que van desapareciendo con su firma y se dan el gusto del último sello, lacrado.
De una puñalada una App deja cadáveres de escribanos en las veredas de sus casas.
Propiedad, desesperado retén,
ni las palabras nos pertenecen
andan en el vaivén de las prensas alarmantes de cadáveres
ávidas de la sirena que acurruca a las nueve de la noche
luego de los aplausos
de lo urgente y no de lo necesario
tiritando en el Kronos estaremos luego
en ese viaje de un tren desviado

 

Pienso en las sólidas escaleras como último refugio para desapercibirnos cada mañana
aventura imaginaria en adoquines imaginarios de nubes
para construir propias mezquitas
cavernas para el mantra de la noche

 

El poema imaginario de Nicanor Parra sobre “el hombre imaginario”, sin balcones para recitarlo.
Exquisitos cadáveres deshechos, embolsados,
atados cadáveres recorren el canal a la altura del puente,
Donde se arrojan turistas con pasaje de vuelta y quedan cadáveres en las plumas de los árboles.

 

El viento
arroja
cadáveres.
Dentro de un mueble,
en el living de
“esa casa”
esconden
denunciables cadáveres
invisibles
anónimos cadáveres de viejas opulencias meridianas.

 

/3/4/20

Aislados en Alemania del Este

Comparto una charla con Gaby Fiochetta en Radio La Mosquitera sobre los siguientes tópicos.

Escuchar Enlace de la entrevista 1/4/20.

Por Marcelo Padilla

Pensamiento situado. Aislamiento y encierro. Misión colectiva de prevención en la cuarentena. La calle, la relación con “el afuera”. “La calle es de la policía y las mentes son de internet”. Quiénes podemos en cuarentena y quiénes no. Alemania del Este: una experiencia en Ciudad Suárez. Las nuevas respuestas comunitarias desde el aislamiento. La ayuda social en el proceso de individuación en la pandemia. Tareas en el complejo. Lo que se derrumbó. Lo que la política no ve. El hilo del agua de la pueblada de diciembre en Mendoza y el aislamiento. Del subsuelo y la sociedad tardía. Reflexiones en el mundo, ahora sí, el medio ambiente. Sobrevivir en nuevas formas de organización. Cuestionamiento a “la noción de propiedad”. Lo autogestivo como sobrevivencia de los más débiles. La ciudad como fracaso capitalista. La ciudad como conglomerado. La sobrepoblación como agotamiento. La ciudad abandonada en el aislamiento, silencio y pájaros. La calma sospechosa. Re pensamiento de la ciudad para salir de la ciudad. Lo social como catastrófico. El aumento de la pobreza. Estado y comunidad. La ruptura del adentro y el afuera. Pandemia y clases sociales. La caída de los paradigmas. Los microfascismos pandémicos en los cuerpos. El chip de la vigilancia. Abusos policiales. Bancarse la incertidumbre. La calle será otra. La tendencia online para la vida y la educación. Un nuevo mundo que se teje diariamente. Pensar en el día a día, la noción del tiempo en el aislamiento. Los ánimos. Los espacios de calma.

 

Desde El Sauce

Como péndulo, como nube de moscas, como risa interminable o extenso llanto; así es la tara colectiva, con terror y paranoia, por un bicho que apareció de la nada (COV19).

Hace tiempo leí ” La Peste ” de Albert Camus y esta cuarentena volví a releer algunos capítulos. Tal como narra Camus, el encierro nos pone a prueba, nos somete a la soledad, a la introspección de evaluarse, de pensar en sí mismos sin pudor.

Las redes sociales han actuado como un boomerang en estos días, golpeando y volviendo a su origen para sistematizar poesías, emoticones y pornografía. Pero lo peor, o peor que las redes, son quienes las manejan. Hemos dado muestra de nuestra fragilidad y sin control fuimos en busca de supuestos afectos, humor y mucho de protagonismo panfletario con fotos y videos.

A la vuelta de la esquina, es decir cuando termine esto que parece ficción… el devenir será sólo una abstracción subjetiva creada por la mente de una especie en extinción (o un nuevo acertijo en una película de Batman).

La búsqueda de la verdad absoluta es uno de los tantos placebos que tiene el capitalismo para mantenerse en la cúspide de sus dominios, (y las verdades absolutas siempre fueron de su propiedad).

El COV19 también le pertenece.

Ataraxia

La vulgaridad de los mensajes de paz y unión entre los humanos hace de la esquizofrenia del capitalismo otra refritada serie de Netflix, si acaso el micropoder capilar de las sociedades disciplinarias bajo las leyes del consumo nos parecía un escenario apocalíptico, la puesta en escena constante de la obscenidad berreta, esta posverdad made in China, esta especie de tregua, de alto al fuego por la salud de la humanidad, es el discurso más mersa de la hegemonía occidental. Millones de dispositivos  de poder epidérmicos se alzan frente a los enemigos epidémicos. Puesto a disposición de la masa gozosa, el deseo se trasviste con los ropajes del héroe. Los aplausos en los balcones, los cantos de los tenores, el grito de los niños, el trinar de los pájaros que mañana morirán aficionados llenan las memorias de los celulares. Nos creemos inmunes, y apenas estamos respirando.

El aislamiento, obligatorio o voluntario, se estructura bajo las prácticas del ausentismo, la invisibilidad. El sueño estoico de ser olvidado, de estar alejado de todo el mundo. Conozco personas que llevan meses de aislamiento, desprendidas del rebaño, alejadas de las semánticas polémicas de los discursos oficiales, afuera de todas las redes sociales, disociadas de lo real, sin noticias, sin grupos de trabajo, sin acceso ni deceso, ni arriba ni abajo.

Me gustaría no volverte a ver nunca jamás en la remilputa vida, que tu cara no se me cruce en ningún lugar, que tu voz no suene en mis dispositivos, que tu nombre y todo el historial se me borre de la memoria, por accidente o por incidente, que de ti nada quede, ni la huella digital, ni tu sombra siquiera, no te quiero, ni te detesto, sólo quiero un día y otro día, con sus noches, más muchos otros días sin siquiera saber nada de vos, ¿será mucho pedir?, no es capricho ni resentimiento, es ausentismo.

Caminé mil cuadras sin ver a nadie, como un fantasma atravesé los barrios, públicos y cercenados, la hora pico era la hora de la muerte, no buscaba nada, fue una caminata feliz, no necesitaba de nadie, por primera vez me sentí íntegro, integrado, conforme conmigo, individuo, invisible, inmune. Lloré de emoción en las calles de mi infancia, de golpe me daban ataques de risa, insulté sin sentido al único colectivo que pasó cerca, iba vacío, despacio, sin nada, otro fantasma, otro aislamiento en tránsito perpetuo. Me alegraba saber que mañana despertaré en otro día igual al de hoy, otro día sin tener que disimular una sonrisa. Fue una vuelta larga, las horas pasaron bajo mis zapatos de cuero sin importarles el universo y sus miserias. Cuando llegué a casa era de noche, la televisión había quedado encendida y sintonizando el canal Volver, como todos los días y algunas noches. En el medio de la única mesa la única taza de café que tomé en la mañana yacía impura, manchada, pero aún así colapsada de vacío, sin ninguna herida, hermética de soberbia, me identifiqué con ella. La llevé hasta la cocina y la lavé pacientemente con notoria asepsia, lavé luego algunos platos sucios de la noche anterior, fregué el piso, el baño y hasta barrí las hojas del pequeño patio interno. Me sentía limpio, aséptico, escéptico, liviano, muerto, definitivamente muerto, apenas con un poco de sueño.

Holocausto Caníbal: el falso documental y el colonialismo en clave gore.

Durante mi adolescencia, una película ubicada en la sección de “Cine para Adultos” del Video Club de mi barrio, con la portada prolijamente tapada por un nylon negro como correspondía a las películas porno de entonces, adquirió de a poco el carácter de fruto prohibido para mi generación. Doña Paca -la señora que regenteaba el pequeño local con anexo de zapatería- se resistía a alquilárnosla aun cuando algunos de nosotros ya habíamos cumplido los 18 años. ¿Sus razones? Pues que se trataba de una película maldita que se había censurado en todo el mundo y que podía provocar que los espectadores perdieran definitivamente la razón. Las explicaciones, claro está, no hacían más que estimular nuestras púberes hormonas en busca de lo prohibido, y con el auxilio de algún amigo que nos superaba ampliamente en edad, no nos resultó nada difícil hacernos con la única copia barrial de la misteriosa cinta. Hoy, a casi veinte años de aquella experiencia iniciática y desde el confinamiento obligatorio, un pequeño rastreo por internet me sorprende demostrándome que el filme en cuestión es considerado como un hito para muchos amantes del cine, y me permite obtener una imagen exacta de la misma copia que se agazapaba entre los estantes de soft-porn de Doña Paca:
Fig. 1 Packaging del videotape de alquiler de “Holocausto Caníbal”.

“Holocausto Caníbal” es una coproducción italo-colombiana de 1980 dirigida por Ruggero Deodato y basada en guión de Gianfranco Clerici. La película -disponible en youtube con doblaje al español, se organiza alrededor de una secuencia de informantes puntuales siempre vinculados al poder mediático o académico de las sociedades occidentales. Las primeras escenas presentan un breve informe televisivo en que un periodista afirma la existencia “de salvajes inmorales en la jungla cuya única ley es la del más fuerte”, apertura que permite la aparición del protagonista principal, el Doctor Harold Monroe, un académico en antropología típico -en el que se identifican sugerentes tics, voz del doblaje incluída, con el célebre Doctor Marvin Monroe de Los Simpsons – encargado de rastrear los pasos de una excursión de cuatro periodistas -tres hombres y una mujer- desaparecidos en la jungla mientras rodaban un documental sobre los pueblos caníbales que habitan las regiones limítrofes de Brasil, Colombia, y Venezuela.

Sigue leyendo “Holocausto Caníbal: el falso documental y el colonialismo en clave gore.”

Fuga de Margaritas. #11. Gaby Fiochetta

Vieja pared del arrabal Tu sombra fue mi compañera De mi niñez sin esplendor La amiga fue tu madreselva. Cuando temblando mi amor primero Con esperanzas besaba mi alma Yo junto a vos pura y feliz Cantaba así mi primera confesión. Madreselvas en flor que me vieron nacer Y en la vieja pared sorprendieron mi amor Tu humilde caricia es como el cariño Primero y querido que siento por él. Madreselvas en flor que trepándose van Es su abrazo tenaz y dulzón como aquél Si todos los años tus flores renacen Hace que no muera mi primer amor. Pasaron los años y mil desengaños Yo vengo a contarte mi vieja pared Así aprendí que hay que fingir Para vivir decentemente. Que amor y fe, mentiras son Y del dolor se ríe la gente Hoy que la vida me ha castigado Y me ha enseñado su credo amargo. Vieja pared con emoción Me acerco a vos y te digo como ayer Madreselvas en flor que me vieron nacer Y en la vieja pared sorprendieron mi amor Tu humilde caricia es como el cariño Primero y querido que nunca olvidé. Madreselvas en flor que trepándose van Es su abrazo tenaz y dulzón como aquél Si todos los años tus flores renacen ¿por qué ya no vuelve mi primer amor?

 

La puerta de la casa  se cerraba cuando el abuelo salía a trabajar  la tierra .Y entonces, valga la contracara, algo se abría. Una música se esparcía en  mis oídos que en ese entonces eran  pequeños.

La abuela  viajaba con su canto .Y entonces  las horas de trabajo doméstico que eras muchas, sin ningún respaldo en ese entonces ni interpelación, parecían ser superadas.

Que sucedía, que se manifestaba, para que de repente se sintiese aliviada. Que sucedía para que las interminables horas de trabajo no pago, no se perciban en su ánimo.

No era pues que le gustara cantar .Era lo que cantaba y escuchaba.

El tango.

Al decir de Mario Franco:

El tango es una forma cultural de rebelión. “Y no solo porque sus letras imposten el lirismo y las cadencias dramáticas en una crónica dura y seca sino, fundamentalmente por sus contenidos concretos y la negación de los roles e instituciones consagradas como la paternidad ,el matrimonio, la policía, el estado ,la religión, la propiedad que protegen desde la perspectiva centro periferia ,la subvaloración de los sectores populares. Los valores positivos son entonces el desarraigo, la bohemia, la soledad, el concubinato. (Mario Franco)

Sigue leyendo “Fuga de Margaritas. #11. Gaby Fiochetta”

La Pared de los Dibujos. #10. Sebastián Taha

1

      Es Julio de 2016. Mi novia me dejó después de 5 años juntos. Yo había estropeado la relación de muchas maneras, tampoco la aguantaba más, ella menos a mí. Todo feo, todo una soledad maleva embroncada. 

El departamento es nuevo, me tuve que mudar, lo estoy empezando a querer. Hay dos habitaciones. En una duermo, en la otra tengo un escritorio, algunos instrumentos de música (para la que nunca seré bueno) y una pared blanca gigante en la que empecé a dibujar y escribir. Amigos tengo, varios, pero están haciendo un montón de cosas que me invitaron a hacer mil veces y nunca hice con ellos porque estaba de novio, es decir, están en la suya como yo estuve en la mía 5 años… un castillito de cristal que se rompe.

Anochece el domingo y desde el 7mo piso miro por la ventana que da a calle Perú, es tarde, el departamento huele a pis de gato: la alfombra noventosa le da un toque glam al dpto, es una especie de fetiche del dueño… “le tendría que pedir un descuento por tener que fumarme este capricho menemista hediento, pelotudo!”. Sigo mirando la ventana, suena música siempre, ahora  el parlante está en el piso, como muchas cosas; tengo pocos muebles y fumo mucho. También está todo un poco sucio, pero el dpto es lindo, puedo pagar, el trabajo con mi hermana anda bien y tengo una lámpara que me tira luz cálida. Me paro y voy hasta la otra ventana, la que da a Belgrano, hace frío…empiezo a sentir eso que tanto amo y detesto. Me asomo a la ventana que da al baldío (hoy playa de estacionamiento) inspiro fuerte… “que hago??… que hago?? Quiero ya!”

Me duele la cabeza, pero “lo disfruto y chau, aunque esté solo…mejor, es solamente  un poquito”. Acabo de llegar de un cumpleaños familiar que no aguantaba más -de esos donde hay tíos garcas, abuelos gagas-. Voy hasta la mesita de luz, saco la bolsita ziploc chiquita (es en este momento que me doy cuenta que me había venido rápido del cumpleaños solo para hacer esto). Hace un par de meses que no puedo parar de tomar, tomo para todo: para la noche, para el día, para trabajar de día, para trabajar de noche, para estar careta, para no estar triste, para no soñar… para todo. Pongo la música más fuerte y nervioso empiezo a rallar. Primer saque: Paraíso! Apago la luz cálida de la lámpara, prendo el pucho, voy hasta la heladera, no tengo más birra, miro y veo una botella de ron entre otras botellas todas empezadas y de calidad muy pija. Me decido por el Ron, dos hielitos, lleno el vaso que ya estaba usado de algún día del último mes (hace bastante que no compro detergente y la pira de vidrios y losa y cubiertos de metal se multiplica en la bacha que ya tiene algunas mosquitas de las chiquitas, las de la basura, dando vueltas-) cluclcuclcu, ahhh, me siento más liviano.

El ron está bueno, zafa, pienso en ella, en el viaje a Italia, en el amor que se terminó, pienso en la sala de espera del hospital de Pissa donde esperamos 7 horas para que le saquen las espinas del erizo que se había metido en los pies, “que situación de mierda”. No habíamos dormido nada, el hospital público era un desastre, todos gritando en italiano. Nos mirábamos y nos odiábamos,  nuestra relación destruyéndose de a poco… la extraño! Segundo saque. Amargo, moquito, puchito, ron. Voy a la compu, empiezo a ver porno; me hago la paja entusiasmado, no caliente, entusiasmado…como buscando en la calentura más droga, no es excitación sexual genuina, es como más droga; no sé si acabo o dejo la paja a la mitad, creo que me aburro. Más ron. Empiezo a tener miedo que se acabe el escabio, es domingo, ya casi son las 11 y mañana trabajo a las 7, “si voy a pasar de largo necesito escabio”. Amaba pasar de largo, ver la mañana con los ojos de la noche era un fábrica de data nueva, lateral. Bajo a las corridas a comprar al kiosquito de Av. Las Heras, el ascensor no andaba, corro los siete pisos, salgo a la vereda, llueve fino, llueve frío, campera de cuero, capucha, zapatillas converse explotadas. “Hola, me das tres Quilmes de medio”… no vendían más. Camino una cuadra más, son las 11:03 en mi celular, en la Esso de Gutiérrez siempre me venden. Entro y veo que no está el Negro que es el que me vende si se pasaron un poco las 11. Ahora hay una mujer como de 50, debe ser franquera porque viene muy pocas veces. Que mala leche…

-Hola

Camino hasta las heladeras, saco unas Quilmes. –La luz me rompe las pupilas-

No vendemos más a esta hora, corazón

Uh…pero yo vengo siempre, vivo acá al toque.

-Si, pero no puedo, negro. Me matan si me agarran vendiendo alcohol a esta hora

Mirá…-Le muestro los bolsillos grandes de la campera- Meto las birras acá, nadie ve nada, si estoy de toque.

Te juro que no puedo… no puedo hacer nada, disculpá.

Puta madre! Bueno, dame un Philip 20… No no, convertibles no!  Normales… rojos.

Sigue leyendo “La Pared de los Dibujos. #10. Sebastián Taha”

Comete una paloma flaco. #9. Agustín Villegas

Si algo me quedó de este mitín de peronistas con campera de cuero, de este grupo de humanos con inquietudes solícitas es “sé la rata de tu propio laboratorio”.

Tantos años de uso culposo de mi cuerpo, de juzgarme débil cuando estoy mal, de pensarme loco por no gustarme el fútbol, el boliche, la estupidizante rutina de ir a un banco, la música de ascensor. La ansiedad de cada maldita reunión social, no saber qué decir, qué carajo hacer con las manos.

Nunca pude decir que no a nada, pero nunca pude decirme sí a mí mismo. Tal vez hasta este último año. Esta época me ha encontrado de más entre dos sesiones de ejercicio a la semana, meditación a la hindú, mucha birra y un paraguayo veraniego ocasional más que con el combo diabólico de estupefacientes  y la presión de ser un rockerito en la verde faz de la tierra.

La rata de su laboratorio es consciente de lo que consume, entonces puede dársela en la pera y asumir que puede seguir siendo capaz de dar y recibir amor dice Stiegler; o al menos eso creo que quiere decir, filosos modernos filósofos, le dan en la tecla pero pareciera que todo sigue igual.

Sigue leyendo “Comete una paloma flaco. #9. Agustín Villegas”