El príncipe feliz

 

En la medianía estamos todos oteando al distinto y por ello fuimos hinchas con una referencia: la locura. Un lugar común para clasificar “al otro” y dejar tranquilos nuestros espíritus, repito, de medianía. Todos los domingos por las tardes, en aquellas tardes de lluvia y de bruma, en inviernos trizados por la pena o bajo el sol de los otoños, lo pudimos ver y saludar, con la mano extendida no, con el abrazo de una persona de cara agrietada y negra que pedía unos pesos para la entrada. Al lado de las boleterías en las canchas de Gutiérrez, Rivadavia, San Martín o Palmira. En Las Heras, donde no éramos bien recibidos ni bien despedidos, en la cancha de La Lepra o del lobo, en la del boli o en la de Guaymallén, en la de Cicles Club Lavalle, donde dimos una vuelta por un campeonato, en Maipú y sus batallas con la yuta, correteando y enfrentando a la cana. Nosotros la medianía, con amigos que nos hicimos en la plaza antes de cada partido llevando las banderas y los bombos. En San Juan por los viejos regionales, en todas la canchas y potreros de mala muerte. Recuerdo bien: al baúl del auto de mi viejo lo llenábamos de papeles de descarte de la imprenta de Don Casivar que vivía frente a los bomberos. Era domingo, siempre era domingo esperado. Y “el loco julio”, con ese apodo, estaba ahí, y casi que los partidos no empezaban si el loco no llegaba. “¡ahí llegó el julio!”, decíamos, frotándonos las manos por el frío. Y la entrada de una sola persona valía más que una hinchada. El loco pobre, el loco del corralón, el loco de la sonrisa sin dientes. No habrá hincha en la historia de la humanidad como “el loco julio”. No solo por su entrega a unos colores o una camiseta, que por lo general definen a un hincha, repito, de la medianía. El julio vivió rondando el barrio de la bodega como un centinela, cuidando y agrandando el mito. No su propio mito, sino el mito del sacrificio de la entrega. A tal punto que donó la guita al club que ganó una vez en la lotería para construir una tribuna. No la donó un empresario, la donó una persona común sin nada más que tener para sí. Por eso y muchas otras acciones de bondad y generosidad lo consideraron “loco”. Sin embargo el mote de loco no le hacía ruido al julio. Se sabía así mismo y deleitaba con su propio personaje hecho de elogios y cariños. No por imponer su figura a través de la violencia, a lo sumo una buena puteada tiraba el loco pero no más. Tal vez en esa goleada que nos propinó chacharita en el 74 el loco se sacó y entró a la cancha. Sí, el loco se trepó a la tela y luego saltó al campo de juego para suspender él solo el partido. Quedará en el recuerdo esa imagen como tantas. Y como han pasado décadas de transitar esos domingos yo me quedo con una en especial, un acontecimiento de iniciación tal vez, que, por familia tombina venimos heredando: el beso del Julio Roque Pérez en la frente de cada uno de mis hijos, una tarde cualquiera de un año cualquiera en la calle San Martín. Como si fuera una bendición que reafirma la identidad de barrio otorgada por un semi-dios harapiento. Y, como nunca bauticé a mi tropa por la iglesia puedo estar tranquilo que el príncipe feliz, siempre feliz, lo hizo aquella tarde cualquiera. Gracias Julio por esos besos. Eterno loco Julio, el mejor hincha del mundo. A un año del centenario la dejas picando y te vas de gira agarrado a una bandera.

mp/13/5/20

Todo lo que hago es fumar

Marmat

 

Incesantes/ las gotas que caen no son de lluvia como el sonido sostiene

vienen

-porque me he asomado por la ventana-

del séptimo piso

 

al cielo le creció un lunar expandido

-asomo por segunda-

de nube negra

el único edificio considerable es atravesado en sus pisos más altos

y las personas que habitan allí despliegan banderas /de lejos sus letras

de lejos

su proclama

 

 

la sombra redime por la temprana hora, lo indescifrable de sus pretensiones

el desayuno banal de las madrugadas/la mesa tendida y la cama servida

la excepción permanente de un enjambre de abejas que a pesar de las palomas, desniñan a la prole en sus jaulas

camino al llanto va en carreta el funebrero y

el traquetear de los caballos imprime una emoción adusta y grave

 

 

el calor de las panaderías, la mies que cubre el campo, los gatos ensombrerados que dan paso/

bajo el sosiego de la ciudad silenciada participan

del simulacro de la lluvia

por lo bajo

-asomado por la ventana en tercera-

a las casas las desinfectan los helicópteros

y un par de drones recién llegados

 

las escaleras se definen por la oscuridad y las ventanas por su ocaso

excepto las vidriadas donde el vapor enceguece y la pisada falla

de escalón en escalón

el caído es la caída resbalosa/ la torpeza

de todo desgano

gotas

que no son de agua ni de lluvia

bandadas

que no son de pájaros ni de kamikazes

calles desliadas de sus autos

pulcras, asimétricas

en el funeral del descarte de una ciudad ausente

acodado

todo lo que hago es fumar.

La peste y la “Oración Fúnebre” de Pericles

Marmat

No intenta el presente escrito realizar un exhaustivo análisis del discurso que diera Pericles (431 ac.) en el Cementerio del Cerámico de Atenas. Irse demasiado lejos en la historia, por estos días, tal vez sea la única forma sin permisos, la manera o el medio para viajar en épocas de prohibiciones consensuadas por la situación pandémica. Viajar sin moverse. Imaginando el lugar y los acontecimientos. Sin hacer turismo. El interés es puramente ficcional y literario toda vez que las pestes antecedentes nos alumbren la oscuridad de las escaleras para vislumbrar una huella y sus bifurcaciones. He seleccionado algunos párrafos arbitrariamente, como el tiempo del ocio lo indica, recorriendo escritos fragmentados, documentales de youtubers atenienses, charlas académicas y archivistas online que por zoom fracasan en el interés. Se trata de eliminar la pose, o saltearla, sortearla en el anonimato de esos familiares que despiden a sus deudos en una Ceremonia de Oración que con el tiempo rescataría Tucídides escribiéndola una vez que Atenas cayera vencida ante los espartanos. La caída de la ciudad y de una “forma de ver” la ciudad desde la oratoria griega a través de uno de sus mejores voceros, Pericles. El factor emocional de la oración y la pieza literaria luego compuesta por otra persona nos habla de una de las formas de la crónica, también de la imperiosa necesidad de dejar testimonios sin pretensión más que “la gloria del desplazamiento del acto”. Un hombre que despide a los caídos y otro que traduce la oración de despedida años después. Sin embargo hablamos de Pericles y no de Tucídides. De individuos y no de la comunidad que no tiene nunca quien le escriba. O sí, desde el ostracismo.

Sigue leyendo “La peste y la “Oración Fúnebre” de Pericles”

Matilde y el lagarto

José Luis Pachmann

 

1

Anoche soñé con números, no estoy muy seguro, tal vez fue antes de ayer. Cuando era niño soñaba con números, mucho antes de aprender a leer y escribir, los veía noche tras noche. Me atraían sus formas, el 1 con forma de flecha, el 2 y tres provocadores, el 4 inconexo entre el medio, los raros 5 y 7 y la similitud del 6, 8 y nueve por las curvas. Sí, sí, fue anoche y soñé con números. Tengo mucha saliva en mi boca, debe ser a causa de la abstinencia de sexo y juego y de éste confinamiento insoportable. Nadie imaginó cómo entro el virus. Nadie lo sospechaba. Matilde manda un mensaje que será en cuanto pueda, vendrá en cuanto pueda. Ya van tres semanas sin vernos, ella tiene miedo. Yo no tengo miedo, soy básicamente un ludópata y a esta altura la vida pende de un hilo. Cuando vivía en el campo pensaba que debía existir una mujer como Matilde y existe en la sitiada ciudad, porque las curvas de mujer, la vigilancia y los números de muchas cifras transitan sobre luces de neón. Ella sabe de mis reiterados sueños y tiene miedo, es decir vive con miedo porque piensa que soy peligroso como el virus. Afuera alguien tocó el timbre, me pongo el barbijo, rocío mi ropa con alcohol y salgo. Sólo por la voz reconozco a Matilde camuflada. Entra, intercambiamos saludos, le tomo su mano transportada, entramos a la habitación. Me dice: – Como estás jugador ?, le hago una mueca sin barbijo y comenzamos a desnudarnos sin pensar en ese bicho de mierda.

Sigue leyendo “Matilde y el lagarto”

el preguntón descolocado

a Leonidas Lamborghini in memorian

 

 

el tipo preguntó por los pájaros desposeídos

por las patas de esos pájaros

que se lavan en la fuente.

 

preguntó por los pájaros hambrientos

por el pico de esos pájaros

gritando ‘no pasarán’ en esta tierra piquetera.

 

por los pájaros poéticos

por las manos de esos pájaros

escribiendo papeles sin fe ni sudor.

 

el tipo preguntó por los pájaros

por el vuelo de esos pájaros

pichones que se embolsan la cara

para escuchar la voz de Dios.

 

preguntó por los pájaros

por los ojos de esos pájaros

al ver la íntima luz de una niña

vejada por el patrón.

 

por los pájaros

por las alas de esos pájaros

cuando sangra el ano de un niño

violado por la respetuosa santidad.

 

el tipo preguntó por los pájaros

y se fue volando.-

 

(escuchalo en la voz de Aldo) 

 

 

/aldo luis novelli –

poeta narrador ensayista –

bordes del desierto del fin del mundo –

neuquén patagonia argentina.

·Desvío Tóxico dossier (?)·

Desvío Tóxico dossier es el espacio-nodo que aloja y vincula ensayos, narraciones, recomendaciones, crónicas, poesías y análisis sociales, políticos y culturales.

Desvío Tóxico dossier es el reservorio de los módulos de la cátedra libre Sociología del Arte y la Cultura, dictada en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. UNCuyo.

Desvío Tóxico dossier contiene los ensayos y producciones de los estudiantes de la cátedra que han decidido compartir sus trabajos.

Desvío Tóxico dossier asimila el recorrido de publicaciones y ediciones anteriores: El Desvío Revista. Desvío Cósmico Fanzine. Desvío Cósmico Revista. Desvío Cósmico Ediciones.

 

Contacto: desviocosmico@gmail.com

Una nave de fibra

Claudio Fernández

Luis Alberto Spinetta era muy futbolero, fanático de River Plate, hincha de ir a la cancha con los hijos, de putear en la platea, de sufrir, etc. Hay algunas canciones que hacen alusión a imágenes futboleras, una de las más literales es “La Bengala Perdida” que hace referencia a una tragedia ocurrida en la cancha de Boca “allí donde se dice Goooooool!” en 1983, en la que murió un hincha de Racing luego de ser impactado por una bengala. “Por un color, solo por un color, no somos tan malos” le dijeron unos “trapitos” hinchas de Rosario Central y así, con esas imágenes, se construyó una pieza poética postestructuralista, “el jeep no arranca más, ni siquiera un milagro te haría salir”.

Sigue leyendo “Una nave de fibra”

Matar el tiempo

Por Christian Kupchik

 

Entre bostezo y bostezo, un imperceptible hilo de electricidad dibuja el rostro de las horas. Se han anunciado otros quince días…
-Capitán, no hay indicios de costas a la vista y el ánimo de la tripulación gana en turbulencias…
-El rumbo se mantiene inalterable.
“¡Me aburro!”, chilla el niño.

Aburrimiento, tedio, hastío, desgana, cansancio, fastidio, abulia, acedía, apatía, son algunas de las palabras que empleamos para definir un estado de ánimo que suele disfrazarse con las máscaras de la melancolía, la pesadumbre, la aflicción. A medida que las sociedades se han ido haciendo más complejas, las palabras reflejan el estado emocional de las épocas. Tomemos el ejemplo del desesperado por antonomasia, Werther, el último neoclásico y primer romántico: se suicida por hastío. En cambio Leopardi, en quien triunfó el romanticismo más delicado, habló siempre de “noia”, aburrimiento. También de “uggia”, de tedio. La modernidad obligó a Baudelaire a recurrir a una palabra inglesa que él universalizó: “spleen”. En inglés “spleen” es bazo, el órgano causante de las secreciones que anegan el espíritu en la melancolía. El más negro de los humores griegos.

Sigue leyendo “Matar el tiempo”

NEGRA GUACHA: memorias de Ada Matus

Por Marmat

 

NEGRA GUACHA: memorias de Ada Matus.

El libro que oculta la cultura oficial

Negra guacha. Memorias de Ada Matus” se publicó a través de la editorial Luces de Gálibo en setiembre de 2016, en Barcelona, España. ISBN: 978-84-15117-38-4. Se trata de la biografía de Ada Matus, cantante y multifacética artista argentina residente en París. Hija del cantante y compositor Oscar Matus e hijastra de la monumental Mercedes Sosa. Acosada por el abandono desde muy pequeña, Ada ha tenido que sortear a lo largo de su vida todo tipo de obstáculos, incluso aquellos que la sociedad identifica como tabúes. Ada es música, inmigración irregular, política, sexo prohibido, diversidad, dolor, ternura y esperanza”.

Sigue leyendo “NEGRA GUACHA: memorias de Ada Matus”

JASH

marmat

Test a un poema

Negativo

“Combaten en el anonimato para salvar a los anónimos,

sin florear la identidad del que salva”

Fe

que nace de los escombros.

CHIPICA

 

Prosaico, helvético.

Un irlandés de la comunidad afrodisíaca le ha llamado al fijo, por teléfono

(ahora que volvieron los días fijos)

 

me lo contó por guasap tomando grapa hecha por el padre, el biólogo.

no hago mucho caso, dejo que hable

prendo y aspiro,

sumo humo en el interior.

Sigue leyendo “JASH”